Ayer Alejandro Hernández publicaba un post sobre la obra construida durante el sexenio anterior por parte de CONACULTA, los proyectos arquitectónicos adjudicados por asignación directa a un selecto grupo de arquitectos -todos con sede en DF al igual que las obras- y la manera en la que la gestión de Consuelo Saizar benefició a unos cuantos.

El artículo de Alejandro va en la tónica de cuestionar a Consuelo Saizar -extitular de CONACULTA-, entiendo la necesidad de voltear para atrás y revisar lo que se hizo durante el sexenio, sin embargo creo que no solo se le tiene que adjudicar la responsabilidad a una personas, considero que para que se den estos casos es necesario que los arquitectos demos nuestro brazo a torcer y que los medios especializados en arquitectura y ciudad nos quedemos callados, siguiendo con publicaciones que solo ven lo estético, publicando a los amigos y dejando de lado la crítica confrontativa.

Fotografía: Razi Marysol Machay // Creative Commons

Fotografía: Razi Marysol Machay // Creative Commons

La crítica que hace Alejandro sobre lo que pasó con la administración pasada es completamente necesaria, sin embargo resulta preocupante que solo se voltee a ver un lado de la moneda ¿No tienen responsabilidad los arquitectos involucrados? Para que existan actos de corrupción se requiere de las dos partes. Con esto no quiero decir que justifico a Consuelo ni su forma de actuar, sino que tenemos que ver las dos partes.

Como señala Alejandro en otro artículo la decisión de los arquitectos involucrados al aceptar el trabajo se justifica en que “se acepta pensando en la propia capacidad para hacer las cosas bien y mejor que otros ” pero ¿Realmente nos podemos justificar así como arquitectos? ¿Qué responsabilidad tenemos como profesionistas en impulsar una democratización de la arquitectura?

Entiendo que decir “no” a un proyecto de esa magnitud no sea nada sencillo y que existe la posibilidad de que en caso de hacerlo se cierren las puertas de la obra pública. Lo que no entiendo es que se tenga un discurso en el que se piden y se critican los concursos mal hechos, pero que por el otro se siga actuando de esta manera.

¿No sería responsabilidad de los arquitectos denunciar lo que pasa? En la medida en la que se comience a hablar del tema, se haga pública la manera de actuar, podremos pensar en una buena arquitectura pública, que esté sujeta a procesos adecuados, que sea incluyente y que no se concentre en unos cuantos.

Por otro lado tenemos a los medios especializados en arquitectura y ciudad ¿Qué responsabilidad tenemos? ¿Qué papel jugamos los que escribimos? Uno muy importante y que al parecer no hemos terminado de asimilar. Pareciera que los medios especializados en arquitectura, entre ellos los más grandes como Arquine y Archdaily solo están enfocados en mostrar las obras, incluso se “premia” a las oficinas con conferencias y publicaciones sobre su obra.

¿En donde quedó la responsabilidad crítica de las publicaciones? la crítica arquitectónica no solo debe estar enfocada al ámbito estético y material, la responsabilidad que se tiene como medios va más allá, resulta penoso que la influencia que se tiene se utilice solo para promover a unos cuantos y no se hagan cuestionamiento claros y firmes a las dos partes, al funcionario y al arquitecto. Es urgente que las revistas y sitios de arquitectura cuestionemos y critiquemos los proyectos no en el sentido estético, también en el social, y político.

Fotografía: vladimix // Creative Commons

Fotografía: vladimix // Creative Commons

El caso de CONACULTA no es aislado, la manera de actuar se repite en diversas dependencias a nivel federal, estatal y municipal, es algo que se habla en pláticas de café, sin embargo no se escribe de eso, se hacen oídos sordos y ojos ciegos, porque no sabemos si el siguiente beneficiado puede ser mi amigo o puedo ser yo. Las relaciones que se establecen entre políticos y arquitectos pareciera que tienen su base en voltear a otro lado cuando, no molestar y seguir en silencio para mantener el juego.

Sobre la centralización de los proyectos y las oficinas responsables es otro tema, uno en el que no tendríamos que pensar si se concursaran las obras, sin embargo parece que al día de hoy si no se está en el centro del país y en el grupo adecuado se se cierran las puertas. La arquitectura pública sigue siendo -y por lo visto seguirá siendo- un asunto de élites.

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