Las consecuencias intangibles de Patricia

by | Oct 26, 2015

El pasado 23 de octubre vivimos una nueva experiencia en Guadalajara: la amenaza de un huracán.

Desde un principio, las medidas que se implementaron en la ciudad (no hablaré de la costa) fueron en aras de prevención. En ningún momento se habló de un peligro inminente para los tapatíos, más allá del peligro que corremos cada vez que llueve.

El cierre de escuelas, universidades y centros de trabajo fue para resguardar a la población de inundaciones por lluvias.

Pero empezó a circular “información” por las redes sociales alarmista, que lo único que provocó fue que la gente se asustara. Hay una delgada línea entre precaución y pánico. Es cierto, el fenómeno de Patricia fue diferente a otros huracanes en su formación, en su tamaño, en sus características; simplemente fue un huracán que no se podía medir con la forma tradicional.

El paso de Patricia por la ciudad tapatía paso sin mayores consecuencias, es más, hemos sufrido más con lluvias de temporal. Pero esto no convierte en Patricia en un milagro, sino en una manifestación de que no tenemos la menor idea del impacto que tienen nuestras acciones ante el cambio climático y las consecuencias físicas y metereológicas que se están provocando, y no creo que un milagro nos vaya a salvar de algo que hemos estado construyendo en los últimos 60 años.

Lo que llama la atención es cómo las personas empezaron a manejar el resultado de que Patricia que, al entrar a tierras mexicanas, pasó de ser el huracán más grande del mundo a una tormenta tropical. Y lo más directo y sencillo que puedo decir es: no, no fue un milagro, se llama ciencia.

La cortina que forma la Sierra Madre Occidental fue la que ayudó a desacelerar la fuerza de Patricia. No fueron las oraciones, ni chamanería, ni un milagro inexplicable.

Las acciones por parte de las autoridades fueron prudentes, preventivas e informativas. Actuaron sobre la información que tenían, ni más ni menos. Y el hecho de haberle pedido a la población que se resguardara fue sólo para evitar que las personas estuvieran en la calle en caso de que Patricia entrara con toda su fuerza a la ciudad. Hecho que al final la gente lo tomó como exgeración, lo cual puede provocar escepticismo cuando en algún momento sí nos enfrentemos a un desastre natural.

Los tapatíos demostraron lo que con tanto cariño decimos de nuestra ciudad: Guadalajara sigue siendo un rancho. La resistencia que manifiesta la población para encarar y admitir una realidad es alarmante.

A las personas que trabajamos contra corriente tratando de hacer una ciudad bajo las necesidades y realidad que vivimos hace que nuestra labor se convierta en algo casi imposible debido a la falta de voluntad de la gente de apoyar, contribuir y aceptar que simplemente no podemos seguir con nuestros mismos hábitos, y en este caso, no podemos seguir con la misma ignorancia.

Solo espero que el paso de Patricia por Guadalajara no quede en el olvido, porque este suceso nos debería abrir los ojos más allá de la tormenta.

 

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