Hace un par de días, un períodico local publicó una encuesta en una red social en la que se le preguntaba a los tapatíos si veían mejoras en la movilidad a partir de la entrada de la nueva administración municipal. En uno de los comentarios mencionaban que “no había mejoras porque todavía había personas que usaban el celular mientras manejan” (entre otros parecidos).

Esto me hizo pensar varias cosas:

  1. ¿En verdad son viables ver cambios con sólo 100 días de administración?
  2. Aunque las autoridades deben estar atentos a las faltas de vialidad, el número de agentes contra el número de vehiculos rebasa su capacidad.
  3. Los ciudadanos tienen el derecho de que su gobierno responda, pero entonces, ¿dónde queda el gobierno ciudadano?

Vivimos en una democracia, lo que significa que es el gobierno del pueblo. Sin embargo, la gente suele confundir democracia con votaciones. Uno de los ejercicios de la democracia son la elección de los representantes en el poder, y nos podremos quejar amargamente sobre la autenticidad de este instrumento, pero lo que no podemos negar es que nuestro sistema no funciona, y es verdad, no funciona. Hay muchas deficiencias en la forma que nuestro gobierno trabaja, pero es nos olvida una cosa: nuestra responsabilidad.

Una de las cosas más sencillas que podemos hacer es apuntar el dedo hacia alguien más para echarle la culpa. Retomando el ejemplo del incio, es muy fácil decirle al gobierno que no tenemos buena movildiad porque hay ciudadanos que usan su celular mientras manejan y las autoridades no ejercen ninguna sanción, lo cual está en lo correcto. Pero veamos otro escenario: ¿no sería más sencillo que las personas siguieran el reglamento de movilidad al cual aceptaron seguir al momento de recibir su licencia para conducir?

Claro, podemos decir que nuestro gobierno apesta, pero sólo es la representación de una sociedad que también se está pudriendo. La gente espera cambios sin tener la voluntad de cambiar. Otro ejemplo, el programa Banquetas Libres, en el cual el gobierno municipal está ejerciendo sanciones a la falta de un reglamento en el cual se especifica que los automóviles no pueden invadir banquetas, ni bloquear las rampas en las esquinas, ya que son áreas para que otras personas puedan moverse en la ciudad; y aun así hay personas que presentan resistencia cuando lo único que tienen que hacer es no estacionarse donde no deben. Otro comentarios mencionan que hay otro tipo de necesidades: tapar baches, infraestructura, drenaje, etc. Claro, tenemos muchas necesidades, pero por algo se debe empezar, ¿no?

El punto de todo esto es que somos muy buenos para quejarnos pero muy malos para crear cambios. Esperamos que todo lo solucionen las autoridades, que claro, para eso están, pero no estamos dándonos cuenta que los que hacemos el gobierno, la ciudad, la sociedad somos nosotros, eso es democracia. Nuestra responsabilidad de entender que yo comparto mi ciudad con otras 4,299,997 (2008) personas, que mi calle también es la calle de muchos otros, que mi prisa, es la prisa tanto del coche que va adelante, como del ciclista que va a mi lado, como del peatón que esta esperando cruzar. Y es por eso que tenemos reglamentos que nos ayudan a crear una co-existencia y que mi derecho no debe estar por encima del derecho de otros.

No se trata de que sólo sea trabajo de nosotros los ciudadanos, o sólo del gobierno, sino de trabajar en conjunto. Ayudarle a las autoridades a mejorar la vialidad simplemente siguiendo un reglamento, y a exigirle cuando necesitemos ejercer una acción mayor. Ser co-responsables de una mejor ciudad para todos.

 

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