Por: Emely Malacon

En el artículo pasado mencioné que uno de los problemas de tráfico que tenemos se debe a una clara falta de cultura vial.

El rey peatónPara poder ahondar en el tema se debe analizar, primero que nada, qué se entiende como cultura. En una definición pragmática podríamos decir que una cultura es un conjunto de indicadores de comportamiento; conjunto de modos de vida y costumbres. Traduciéndolo a cuestiones de movilidad esto significa que son todas esas “reglas” que nos dicen que el rojo significa alto y el verde siga, y que no están condicionadas a cuestiones físicas o de infraestructura.

Poco a poco, este conjunto de reglas han desvanecido esa delgada línea entre lo permitido y el “no pasa nada”. Ese pensamiento de “me paso el alto, al cabo que no viene nadie”, o “me bajo por la puerta de enfrente del camión porque me queda más cerca” han ocasionado que hoy en día el participar en una vialidad se convierta en deporte extremo, ya que esta falta de cultura es desde el peatón, los ciclistas, los automovilistas y los camioneros. Todos nos hemos vuelto parte del caos que tenemos hoy en día.

El pensamiento de “no pasa nada” es una gran mentira. Todo tiene consecuencias. Al momento que elegimos romper con una regla se crea una reacción que a lo mejor no es inmediata, pero que va generando repercusiones a largo plazo. Lo que hoy vemos es una intolerancia a seguir las buenas costumbres, como son los ejemplos que circulan por las redes sociales de señoras que se molestan porque evidencian que se estacionaron estorbando rampa, o personas que invaden banqueta, o ciclistas circulando en sentido contrario.

Si lo vemos segmentado, cada situación acorde al tipo de transporte, a lo mejor se podría pensar que se el problema se está exagerando, pero cuando lo vemos desde una perspectiva general podríamos identificar que ahora la gente se molesta cuando les pides, informas, dices que están cometiendo una falta, generando agresión.

¿Creen que exagero?

Hace un par de días tuve una experiencia (de varias) que fue la que me hizo cuestionarme acerca de todo esto. Estaba circulando en mi bicicleta sobre una calle con señalética de prioridad, la del triángulo verde con una bicicleta que se pone a mitad del ancho del carril y que además tiene un poste en cada esquina con el mismo símbolo. Noté que había un coche detrás de mí, por lo que no me moví pero aumenté la velocidad. La persona manejando el coche comienza a acercarse cada vez más, a pitarme y a gritarme que me quitara. Era una calle local, por lo que la velocidad permitida es de aproximadamente 30 km/hr, o sea, no era una pista de carreas. Llegó al punto que pensé que me iba a golpear con su coche, por lo que me paré enfrente y pregunté que por qué me estaba tirando el coche encima, que estaba circulando por donde debía. Para no hacer larga la historia, la señora se puso histérica, comenzó a insultarme y hacer la finta que me iba a atropellar, que yo no tenía “derecho” de circular por la calle.

A algunas personas que les he contado esta experiencia alegan que es porque no se ha difundido la señalética ciclista, que es algo nuevo y que la gente no la entiende. Pero yo me pregunto, aún si yo no hubiera estado circulando en una calle con señalética ciclista, ¿justifica la agresión? Al fin y al cabo estamos hablando de una persona. ¿Se necesita que les digan a las personas que atropellar o golpear a alguien es algo que no debería hacerse?

La intolerancia entre los diferentes tipos de movilidad es la que está detrás de muchos problemas que tenemos en nuestra ciudad en cuestión de tráfico. Se nos ha olvidado que cuando el semáforo está en rojo significa alto total, que las rayitas en las esquinas son áreas de cruce peatonal, que las flechas significan un sentido y que hay límites de velocidad que hay que respetar, con o sin fotomultas.

Y lo más importante de todo es que se nos ha olvidado que compartimos una calle, con otras personas que están haciendo lo mismo que nosotros, tratando de llegar a algún lugar de la ciudad.

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