Imagen tomada de Getty Images, 2017

Septiembre de este año ha sido marcado por una serie de sismos que han dejado grandes afectaciones en los estados de Oaxaca, Chiapas, Morelos y Puebla. El pasado 19 de septiembre de 2017 la Ciudad de México vivió por segunda vez el impacto de otro sismo que provocó el derrumbe de varios edificios, además que dejó inhabilitados otros.

Soy arquitecta de profesión y debo admitir que siento vergüenza por los casos en que los edificios se derrumbaron porque estaban mal hechos.
Dónde quedan las consecuencias para los arquitectos, desarrolladores inmobiliarios, ingenieros, funcionarios de gobierno, ciudadanos que deliberadamente realizaron construcciones fuera de la norma, con materiales de mala calidad, con prisas y tratando de ahorrar centavos; a lo mejor por falta de recursos, o para ganar más dinero o simplemente por la falta de información. La arquitectura y construcción se ha rezagado sólo para quienes tienen para pagarla, aun cuando todos necesitamos de ella. Se ha convertido en una profesión elitista donde los arquitectos han perdido la visión social de nuestra labor, lo cual nos hace a todos culpables y responsables.

Imagen tomada de Facebook, 2017.

Y los que están con sus manos recogiendo el escombro de un cúmulo de malas decisiones, las manos de ayuda dónde no se diferencia el dinero, la posición, la profesión que está dejando en evidencia que podemos tener ciudades más equitativas, más diversas, más sustentables porque se está trabajando en vías del bien común. Ya no podemos negar que trabajando juntos no se puede lograr un objetivo colectivo.

En una ciudad que en sus vialidades reina el coche, ahora no se puede decir que las bicicletas no es un transporte viable ya que han sido las que más han facilitado el movimiento. “Los ciclistas, en brigadas, fueron mensajeros en zonas de derrumbes y centros de acopio, testigos para verificar información vital de la emergencia y una más de las formas de solidaridad que se expresaron tras la tragedia (…)” (http://www.jornada.unam.mx/2017/09/25/politica/015n1pol)

Y lo más majestuoso es que el gobierno no puede hacerse de la vista gorda de la fuerza que tenemos los mexicanos cuando trabajamos juntos, un recordatorio a mentadas de madre y abucheos a todos los políticos que han ido a visitar zonas afectadas y que se han tenido que enfrentar con la fuerza del pueblo. Lo que ahora nos toca es no bajar el ritmo, no dejar que pase lo mismo que en el 85, recordar que el trabajo de los políticos es representar las necesidades de los ciudadanos, y que necesitamos hacer cambios desde la raíz para lograr cambios a largo plazo.

Espero que no se nos olvide el trabajo que estamos haciendo en las elecciones del 2018, que no se necesita esperar a que los políticos hagan su trabajo para tener un México mejor; que somos más y mejores que ellos. La fuerza que la sociedad mexicana está demostrando no es equitativa a la representación política que tenemos.

Al parecer, no terminamos de entender la lección del 1985, pero tenemos una segunda oportunidad. ¿Qué queremos hacer?

 

 

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