Por Emely Malacon.

En los últimos días he estado viendo un post que se ha multiplicado en mi timeline de Facebook: “Respeto a nuestro derecho a elegir cómo movernos”.

Lo primero que me hace pensar es que la gente tapatía no tiene opciones de cómo moverse en la ciudad. Luego me pregunto, ¿cuáles son las opciones que tenemos para movernos en la ciudad? Pensé: coche, camiones, taxis, tren ligero, Macrobús, MiBici… y llegué a la conclusión que sí tenemos varias opciones para movernos en la ciudad. Entonces, ¿de dónde viene esta idea de que no tenemos derecho a elegir cómo movernos? Después pensé en una característica muy peculiar que tiene la gente de Guadalajara… no hay opciones de movilidad, ¿para quién?

¿Quiénes son los que están peleando con tanta furia porque se quede un sistema de transporte que nos abrió los ojos que los sistemas que tenemos ya no funcionan? Llegué a la conclusión que es ese pequeño porcentaje de la clase media, media-alta de Guadalajara la que lo está pidiendo.

Pero ese no es el punto, el punto es ¿en general se respetan los derechos de todos de elegir cómo movernos?

Los principales problemas de movilidad que tenemos en Guadalajara no las genera el gobierno con mala calidad de servicio, los hacemos nosotros precisamente al momento de elegir cómo movernos. La falta de cultura vial y los imaginarios sociales son los principales problemas del tráfico y movilidad de la ciudad. La cultura vial porque la falta de respeto a las simples regla básicas de tránsito (pasarse altos, invadir el paso peatonal, estacionarse tapando rampas, etc.) genera agresión y hostilidad en todas las formas de movilidad; y los imaginarios sociales porque vivimos en una sociedad elitista que se escoge primero tener automóvil antes de usar el transporte público ya que se considera que es para pobres.

Antes de exigir respeto, ¿por qué no mejor demostramos que respetamos?

Un sistema de servicio como Uber es elitista, por lo que las personas que con tanto furor están defendiendo no representan a la mayoría, no representan las verdaderas necesidades de una ciudad tan caótica que ya llegó a un punto sin retorno.

Qué bueno que la ciudadanía se está dando cuenta de los problemas de transporte que tenemos, qué bueno que se están dando cuenta que se puede exigir, que se puede cambiar, que se puede hacer algo si lo hacemos en comunidad. Sin embargo, creo que es el objetivo el que no está bien definido, o no es lo que nos va a ayudar a mejorar la forma en que nos movemos. El problema no está en el servicio, el problema está precisamente en la forma que elegimos movernos. Deja el coche, camina, toma un camión, súbete a MiBici o toma la tuya. Elige una forma alterna a moverte y te darás cuenta del impacto que genera la forma en la que nos movemos.

Vivimos en una sociedad hipócrita en muchos aspectos. En relación a este tema, cuando los ciclistas exigían respeto a elegir cómo moverse en la ciudad fueron criticados como hippies sin trabajo, apestosos y que sólo estorban en la calles. Pero al defender un sistema de transporte elitista es porque es nuestro derecho a elegir cómo movernos. ¿Les suena familiar? Es lo mismo pero sin globos rosas y azules o la familia natural.

Se entiende la necesidad de un automóvil, eso no se cuestiona. Lo que sí me pregunto (y los invito a preguntarse) es si todos los movimientos que hace una persona en el día son absolutamente dependientes del uso del automóvil.

Hemos llegado a un punto sin retorno en cuestiones de urbanismo y transporte. La ciudad está saturada y no podemos seguir pensando en las mismas soluciones de los últimos 30 años que, en realidad, no han solucionado nada. Pero tenemos resistencia al cambio, nos reusamos en modificar nuestros hábitos. Creemos que así estamos bien y aun así leo miles de post, tweets y conversaciones al día quejándose de lo mismo. Somos adictos al tráfico porque no podemos pensar en otra forma de movernos en la ciudad.

Defiendo a Uber, quiero que Uber se quede. Pero la realidad es, en cuestiones de tráfico, Uber sigue siendo un coche más y así no vamos a solucionar el problema mayor.

Y bueno, en conclusión esto solo es una invitación para que ejerzan el respeto que merecen por escoger cómo moverse en la ciudad, y la de los demás.

Comentarios

comentarios

Share This